Riesgo participación y protesta

Alerta Protesta

El derecho a la protesta no puede pasar a un segundo plano

Se podría considerar que el derecho a la protesta debería pasar a un segundo plano ante la necesidad de disminuir la velocidad de la propagación del covid-19. No obstante, lo verdaderamente urgente es encontrar mecanismos de garantizarlo con los debidos protocolos de bioseguridad, pues en el marco de la excepcionalidad que vivimos aumentan los abusos de poder, la extralimitación de funciones y, sobre todo, la marginación y violación de derechos de ciudadanos vulnerables y sectores sociales subalternos.

Aun más grave, la pandemia se utiliza como excusa para todo tipo de prácticas antidemocráticas, facilitadas por grandes intereses económicos que se movilizan para beneficiarse directamente de la crisis. Esto no es una posibilidad teórica sino una realidad en curso.

Alerta emitida el 18 de agosto de 2020

El derecho a la protesta social es consustancial a cualquier régimen político democrático. Sin este derecho la democracia no existe, pues está directamente vinculado a los derechos de reunión, asociación y expresión, hace parte del ejercicio ciudadano de controlar el ejercicio del gobierno.

FORO | MARTES 18 DE AGOSTO 2020

El derecho a la protesta en tiempos de covid-19. Una mirada internacional

Invitados:
Francesco Penaglia. Académico del Departamento de Política y gobierno de la Universidad Alberto Hurtado. Chile
Laura Peñaranda. Coordinadora para América Latina del proyecto Sindicatos para la democracia energética TUED. Estados Unidos
Santiago Garcés. Investigador de la Línea de Movimientos sociales y derecho a la tierra y el territorio del Cinep/Ppp. Colombia
Moderadora: Poly Martínez. Periodista de oficio, columnista, comentarista y corresponsal internacional

Aunque no existe garantía de qué con mayor participación, mayor movilización social y más debate público vayamos a superar la actual crisis transitando hacia un país más justo y democrático, de lo que no cabe duda es de que lo contrario es cierto.

Sin dichos elementos, la Colombia post-pandemia será un país en el que el poder económico implique, todavía más, la existencia de un poder fáctico ajeno al control democrático.